Si el equipo contrario es mejor que tú, porque dispone de más presupuesto, cuenta con jugadores de primer nivel y se encuentra en un momento muy dulce, estás obligado a derrochar energía, mantener el máximo de intensidad y pelear al límite para igualar las fuerzas y así tener opciones de victoria. Nada de eso hicimos. La consecuencia lógica es que el partido estaba sentenciado en el minuto 25 (34 – 58) tras un parcial de 2- 17 después del paso de por los vestuarios. Una lástima porque nuestras sensaciones habían sido buenas durante la semana, el rival venía con ausencias, lo que equilibraba las fuerzas, y el arranque del encuentro prometía mucho. Acierto por ambos bandos, ritmo alto de anotación e igualdad en el marcador. Pero pronto se vio que los visitantes tenían un puntito más. Balones sueltos a los que llegaban antes, rebotes ofensivos que transformaban en puntos con sencillez y un acierto exterior que castigaba cada espacio que dejábamos en defensa. Aún así nos mantuvimos dentro del partido hasta mediado el segundo cuarto (20 – 25), e incluso al descanso las esperanzas de triunfo no eran remotas: 32 – 41. Pero lo que se atisbaba en la primera parte se confirmó pronta y rotundamente en la reanudación con el contundente parcial antes mencionado. Sin opciones de ganar, pero con orgullo e innovaciones tácticas como poner a cuatro pequeños sobre el campo, redujimos la distancia alocando el partido y anotando 32 puntos en el último periodo. No nos acercamos lo suficiente como para soñar con una remontada imposible (64-76 fue lo más cerca que estuvimos), pero al menos sacamos en la recta final el ímpetu que faltó al inicio de la segunda parte. Ese carácter, ese seguir intentándolo hasta el final es lo que hay que aplicar en adelante, empezando por la visita a Badalona del sábado próximo donde nos encontraremos a un Joventut que sabe exprimir sus virtudes a la perfección. Hay que estrenarse fuera para no vernos en problemas. Departamento de Comunicación del Baloncesto Fuenlabrada.
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