Se nos escapó entre los dedos. Pero a medida que se pasa el cabreo inicial vemos con más claridad que hay que perseverar por este camino, que este juego que tanto amamos no siempre nos va a dar la espalda como ha ocurrido en los últimos partidos. El nivel de competitividad está ahí y hay que mantenerlo a pesar del cúmulo de derrotas, por mucho que sean especialmente dolorosas las dos últimas por haber sido en el último segundo.
Muy poco se le puede reprochar al equipo en esfuerzo. Ejemplifiquemos en alguien como Gillet, desafortunado ayer en el tiro pero máximo reboteador del partido. Batalla esa, la de los rebotes, en la que ganamos a un equipo tan poderoso físicamente como el malagueño.
Ya de salida impusimos el ritmo de juego, con buenas defensas y dinamismo ofensivo que nos lanzó al 14 – 5 inicial. Lo nivelaron los visitantes de la mano de un acertadísimo Alberto Díaz y el choque entró en una fase de gran igualdad, tanta como que al descanso llegamos con empate a 38.
Equilibrio que se mantuvo en el tercer periodo (48 – 48, minuto 25) hasta que de repente firmamos un parcial de 11 – 0 en los dos últimos minutos del cuarto que nos catapultó al 68 – 53 con que llegamos a los últimos diez minutos. Pero igual que nosotros nos escapamos en tan corto plazo de tiempo, ellos respondieron con un parcial de 2 – 13 que devolvió el partido a su estado natural de igualdad: 70 – 66 a 6:23 del final.
Fue un esprín vivido con enorme intensidad, marcado por el gran acierto triplista del Unicaja, con polémicas decisiones arbitrales, una grada entregada al equipo… Brizuela empató a 77, Eyenga nos puso por delante 79 – 77, Brizuela erró y Bellas recibió falta. Restaban 28 segundos, anotamos uno y fallamos el otro (80 – 77). Una cesta rápida de Unicaja puso el 80 – 79. De nuevo personal, Eyenga anota uno y con 81 – 79 es Carlos Suárez quien suma el triple desde la esquina (81 – 82). En la última acción ni el forzado tiro de Rowland ni el palmeo final de Bobrov se tradujeron en puntos que nos habrían dado la victoria.
La decepción fue tan grande como el esfuerzo hecho para llegar hasta ahí. La cara de tonto no te la quita nadie, pero a la vez el partido dejó muy buenas noticias como el nivel mostrado por Karvel Anderson en su vuelta tras la lesión o lo que aportó Anthony Brown en su estreno como fuenlabreño.
Toca ser duros mentalmente. Perseverar. Que las derrotas no nos venzan. Mantener el nivel de juego de partidos como el de ayer nos acabará dando victorias. La Laguna, próximo objetivo. Será el domingo a las 13:00 horas ante el Iberostar Tenerife.
Departamento de Comunicación del Montakit Fuenlabrada.
Foto de Borja Benito Hojas |