El duelo de estilos que se preveía se trasladó efectivamente a la pista. Nosotros tratamos de dinamizar el juego todo lo posible. Ellos gustan de un baloncesto más de amasar la pelota. Y hay que reconocer que esa batalla la ganaron los menorquines en muchos tramos del partido, como en el inicial cuando los puntos escaseaban: 2 – 0 tras casi tres minutos de juego.
Las estratagemas tácticas defensivas de los menorquines, con múltiples variantes zonales y mixtas, ayudaron a trabar nuestro ataque. Mucho mérito en su planteamiento. Además, cada vez que concatenamos varias acciones positivas ellos reaccionaron de inmediato. Así, del 15 – 7 pasamos en un abrir y cerrar de ojos al 15 – 13.
El inicio del segundo cuarto fue especialmente pobre en anotación, con imprecisiones por ambos bandos, a veces provocadas por las buenas defensas y otras por la propia precipitación. Empate a 22 en el minuto 15.
La igualdad seguía presidiendo el choque bien entrada ya la segunda mitad, tablas a 49 esta vez. Sin embargo, ahí apareció una mayor inspiración por nuestra parte, con una buena racha anotadora con Paul Jorgensen a la cabeza. Precisamente un triple del escolta estadounidense nos lanzó al 58 – 50 (minuto 29).
A partir de ahí sí nos sentimos claros dominadores del juego. La defensa zonal por la que los visitantes apostaron en el último periodo fue castigada con buenas opciones de tiro, muchas de ellas tras rebote de ataque. Un triple de Osvaldas Matulionis puso el 69 – 55, máxima distancia del partido.
Todo parecía controlado hasta que un mate de Lotanna Nwogbo produjo el choque del aro con el cristal del tablero y su rotura. Rotura controlada, nada de cristales saltando por los aires. Pero rotura al fin y al cabo. El paréntesis para cambiar el tablero llegó con 78 – 66 y 2:47 por jugarse. Pues bien, en ese escaso tiempo los menorquines anotaron 23 puntazos, con siete triples incluidos, la mayoría de ellos bien defendidos por el Flexicar Fuenlabrada.
A decir verdad, nuestra victoria no llegó nunca a estar en peligro en ese tramo final gracias a que nosotros también atacamos bien, con máxima fiabilidad desde la línea de tiros libres. El triunfo por 92 – 89 es el duodécimo en trece jornadas, un triunfo muy trabajado, hubo que masticarlo de principio a fin para poder saborearlo como merece, como si de turrón duro se tratara.
Entre turrones y polvorones habrá que ir preparando el derbi del domingo próximo (12:30 horas) en la pista del Estudiantes. Buen dulce navideño para los aficionados de uno y otro equipo.
Departamento de Comunicación del Flexicar Fuenlabrada.
Foto de Alba Pacheco. |